Me gusta mirar las cosas por algún tiempo más, más de lo
normal, por si acaso acabo descubriendo la razón de ser, de estar en ese lugar
y en ese instante para mí.
Estando en algún momento de esos, la vida me presentó un
bote de detergente.
¿Acaso tendría alguna función más en mi vida que la de dejar
el placer de oler la ropa recién lavada?, que ya de por sí no es poco..
Pues bien, intentando iniciar una conversación con él, de
repente surgió, tenía una foto de una niña sonriente en la fachada de su
envoltorio.
La niña sonreía y me
miraba mientras estaba jugando con pinturas, con toda la cara manchada.
Estaba como diciéndome: " ¿y tú, cuando te vas a atrever a
manchar?"
Es que acaso no es en todos los anuncios de detergentes, de
jabón, de productos que al fin y al cabo limpian y desordenan el desastre, los que son
siempre niños quienes se atreven a dejar de tener cuidado y simplemente,
disfrutar.
Porque sí, porque pueden y porque saben en su inocencia que todo
tiene solución.
¿Cuándo vamos a estar dispuestos a mancharnos de vida?
Vamos a decir más que sí a las cosas,
al hacerlo con las manos,
ensuciarte,
enfangarse,
restregarse,
chupar la tarrina del helado, mánchate la cara
saltar la charca, sin botas de agua, ni ná
Vamos a hablar con
los botes de detergentes, también,
nunca se sabe dónde hay algo esperándote para que aprendas
con él.
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